Somos seres bioelectromagnéticos y los intercambios electroquímicos son la base de nuestras funciones vitales. Nuestros sentidos, nuestra movilidad muscular, incluso nuestros pensamientos se deben a impulsos eléctricos del sistema nervioso. Esto se refleja en el electrocardiograma, y más sutilmente en el electroencefalograma.

Nuestra salud depende en parte de un equilibrio medioambiental que hoy en día está roto por el exceso de contaminación electromagnética que nos rodea.

Las casas están llenas de aparatos eléctricos: televisores, equipos de música, microondas, radio-despertadores, bombillas alógenas, etc.; además en el trabajo muchos pasan la mayor parte del día utilizando un ordenador y rodeados de dispositivos electrónicos.

Todos estos aparatos electrónicos emiten campos eléctricos, los cuales están siempre vibrando, se propagan en el espacio indefinidamente y van alternando vibraciones eléctricas y magnéticas.

La existencia de un estrés electromagnético o electro estrés en el ser humano puede ser causa de bloqueo de cualquier otra terapia. Si no se anula su efecto, el tratamiento suele fracasar. 

¿Cuáles son las consecuencias de la contaminación electromagnética?

Cada día existen más estudios que evidencian que pueden empezar por trastornos en el sueño, fatiga crónica, dolores de cabeza o alergias y pueden terminar con enfermedades graves como el cáncer o la leucemia.

Algunos de los síntomas más comunes del estrés electromagnético o electro estrés son:

  • Insomnio, somnolencia matinal.
  • Estrés, angustia, ansiedad.
  • Falta de atención, pérdida de memoria.
  • Hiperactividad, agresividad.
  • Fatiga crónica, fibromialgia.
  • Ruidos y zumbidos de oídos ( tinnitus ).
  • Mareos y vértigo.
  • Dolor de cabeza persistente, jaquecas.
  • Atonía, dificultad en la toma de decisiones.
  • Falta de iniciativa, pérdida de creatividad.
  • Depresión ( TAE ).
En los últimos años ha aumentado vertiginosamente la investigación sobre los posibles efectos biológicos de los campos electromagnéticos de las nuevas tecnologías, incrementándose la información sobre su repercusión en la salud; casi a diario aparecen normativas de control, informes e investigaciones que piden con urgencia una legislación global.

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