El síndrome del edificio enfermo

Hace unos años saltó la alarma. En determinados edificios, generalmente de oficinas y similares, algunas personas solían tener síntomas de enfermedades que hasta entonces no habían padecido. La estancia, sobre todo reiterada, en determinados tipos de edificios modernos contribuye al deterioro de la salud. Es el síndrome del edificio enfermo (SEE).

Un trabajo de investigación del Dr. Joan Boldú, de la Sección de Neumología del Hospital Virgen del Camino, explica las características, patologías y síntomas que padecen algunas de las personas expuestas por sus estancias en edificios enfermos.

La generación de entornos de trabajo, como los sistemas de ventilación artificial, la proliferación de ordenadores, fotocopiadoras, impresoras, etc., el uso extensivo de materiales sintéticos, los sistemas de iluminación fluorescente generales, o la presencia de contaminantes directos como el humo del tabaco y otros, generan efectos nocivos para la salud. Estos efectos están asociados, en general, a edificios de construcción moderna que, por su diseño en base a criterios mercantilistas, estéticos, etc., conllevan problemas de salud para sus ocupantes.

 

Patalogías:

1. Hay personas con enfermedades ya conocidas que sufren empeoramiento al permanecer en el edificio en el que trabajan, viven, estudian, pernoctan, etc. Así, pacientes diagnosticados de asma bronquial, rinitis alérgica o dermatitis atópica, empeoran al permanecer en el interior de determinados edificios, ya sean oficinas, hoteles, restaurantes, escuelas, museos, bien por su exposición a distintos alérgenos presentes en dicho medio (irritantes volátiles, etc.) o a las condiciones microambientales del interior del edificio (condiciones adversas de humedad, temperatura, etc.) 
2. Hay un segundo grupo de enfermedades específicas de diversos tipos, producidas por el edificio: enfermedades infecciosas (por transmisión de agentes infecciosos, ya sea a través de los sistemas de acondicionamiento de aire como de persona a persona), enfermedades virales (producidas por dispersión de antígenos del propio edificio, como en las neumonitis por hipersensibilidad, fiebre de los humidificadores, etc.); enfermedades tóxicas (producidas por difusión de irritantes o tóxicos volátiles presentes en el ambiente como CO, formaldehído, órgano fosforados, etc.). Estos contaminantes son despedidos por las pinturas de las paredes o del mobiliario, por los aparatos tecnológicos ubicados en el interior, por sistemas de refrigeración o de calor en mal estado, por determinados productos específicos (en el caso de fábricas que producen y/o utilizan determinados productos tóxicos)…
3. Finalmente está el “síndrome del edificio enfermo” al que se define como la situación en la que en un edificio determinado… más personas de lo normal manifiestan tener un conjunto de síntomas inespecíficos pero bien definidos, que desaparecen al abandonar el edificio. Incluye un grupo de síntomas de vías respiratorias, dermatológicos, oculares y sistémicos, que aparecen mientras se permanece en el interior de un edificio y mejoran tras alejarse de dicho ambiente. Desde 1970 se han descrito casos de trabajadores en un mismo edificio, escuelas, hospitales e incluso domicilios. 

Un estatus bajo a nivel laboral, un aumento del estrés y una escasa satisfacción laboral, favorecen la aparición del síndrome del edificio enfermo. El espacio disponible por el trabajador y la concentración de máquinas de oficina en áreas determinadas favorecen también la aparición de síntomas. Finalmente, el número de horas pasadas delante de los monitores de ordenador también se ha relacionado con aumento en los síntomas.

Los síntomas:

Los síntomas más comunes son:

1.  Oculares (irritación, sequedad, picor de ojos); nasales y faríngeos (obstrucción nasal es el más frecuente, sequedad en la garganta, irritación y prurito);
2.  Rinitis (con estornudos y rinorrea); respiratorios (tos, opresión torácica, disnea);
3.  Neuropsicológicos (el más prevalente es la astenia);
4.  y otros menos frecuentes (cefalea, letargia, irritabilidad, dificultad de concentración, bajo rendimiento intelectual); cutáneos (sequedad, picores).

Es característico el inicio de los síntomas a las pocas horas de entrar en el edificio, y la mejoría de todos los síntomas, excepto los cutáneos, a la hora de abandonarlo. Las alteraciones dermatológicas pueden tardar días en desaparecer. Estos síntomas no amenazan la vida del paciente pero conllevan bajas laborales y descenso de la productividad. Afectan con distinta intensidad a los distintos trabajadores, dependiendo de los microambientes donde estén ubicados y de la susceptibilidad de cada cual.

Una de las patologías que pueden ocasionar los edificios enfermos es la lipoatrofia, como se dio en 2008 entre varias funcionarias que prestaban sus servicios en la Agencia Tributaria del ayuntamiento de Madrid. Se trata de una dolencia que causan los edificios con exceso de electricidad estática y baja humedad. Esto hace que se elimine tejido adiposo y que se produzcan importantes deformaciones en los tejidos. La lipoatrofia se suele producir en edificios que son calificados como enfermos. No se trata de una “enfermedad mortal pero es estéticamente es muy visible” y normalmente afecta a más mujeres que a hombres. Se desconocen las causas. También se dieron casos, por ejemplo, entre trabajadores de la central de “la Caixa” en Diagonal (BCN) y entre oficinistas de la Torre Agbar, la central del 061 en L’Hospitalet de Llobregat, entre los trabajadores de la central de Gas Natural en el barrio de la Barceloneta, en la sede la antigua central de Caprabo… Las características similares se repiten una y otra vez. La construcción moderna y determinados tipos de oficinas, con la acumulación de máquinas que ello conlleva, y la falta de ventilación, por ejemplo, fuerzan a nuestros organismos a una situación para la que no hemos sido diseñados. El resultado es la lipoatrofia.

El Síndrome del Edificio Enfermo (SEE) es el nombre que se da al conjunto de síntomas diversos que presentan predominantemente los individuos en estos edificios y que no van en general acompañados de ninguna lesión orgánica o signo físico diagnosticándose, a menudo, por exclusión. 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) diferencia entre dos tipos distintos de edificio enfermo, el que presentan los edificios temporalmente enfermos, en el que se incluyen edificios nuevos o de reciente remodelación en los que los síntomas disminuyen y desaparecen con el tiempo, aproximadamente medio año, y el que presentan los edificios permanentemente enfermos cuando los síntomas persisten, a menudo durante años, a pesar de haberse tomado medidas para solucionar los problemas. 


Según la misma OMS, estos edificios tienen una serie de características comunes: 
1. Casi siempre tienen un sistema de ventilación forzada que generalmente es común a todo el edificio o a amplios sectores y existe recirculación parcial del aire 
2. Con frecuencia son de construcción ligera y poco costosa
3. Las superficies interiores están en gran parte recubiertas con material textil, incluyendo paredes, suelos y otros elementos de diseño interior, lo cual favorece una elevada relación entre superficie interior y volumen 
4. Practican el ahorro energético y se mantienen relativamente calientes con un ambiente térmico homogéneo 
5. Se caracterizan por ser edificios herméticos en los que las ventanas no pueden abrirse 
6. Algunos edificios tienen localización de las tomas de renovación de aire en lugares inadecuados mientras que otros usan intercambiadores de calor que transfieren los contaminantes desde el aire de retorno al aire de suministro 
7. El síntoma más común de este síndrome es el cansancio, que empieza a las pocas horas de iniciar a trabajar y desaparece a los pocos minutos de dejar el edificio. El dolor de cabeza es no migrañoso, generalizado y con pesantez

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